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La fundarización de empresas y la empresarización de fundaciones

Cuando las empresas crean fundaciones para parecer sociedad civil y las fundaciones aprenden a comportarse como empresas para sobrevivir, algo se empobrece en la imaginación social.

Cuando creé Profesionales Amigos tenía 29 años y una cara de bebé. Sin embargo, al momento de hacer el registro legal de la organización me preguntaron:

-¿Qué emprea crea esta fundación?

Claro, una fundación es una entidad creada por una empresa que quiere desarrollar una labor social financiada con un porcentaje de su utilidad. Así pues, las fundaciones son entidades que nacen a partir de empresas con el fin de lograr un gasto improductivo, a partir de sus ganancias.

Luego de pasar por la humillación de no ser un empresario, me explicaron que había varios obstáculos que vencer, puesto que varias empresas creaban fundaciones o se creaban como fundaciones para eludir impuestos, y querían asegurarse que la mía no fuera el caso. Es decir, luego de demostrar que no era un rico empresario, tenía que demostrar que no era un narco que quería lavar dinero. En otras palabras que la labor social que quería desarrollar no era para beneficio propio.

Hecho. Logramos el registro y repetimos la escena, pero aún más humillante tratando que un banco quisiera abrirnos una cuenta, bajo la sospecha que muchas entidades crean fundaciones para lavar dinero, que no es otra cosa que usar su excedente, su utilidad, su ganancia. O sea, había empresas que se volvían fundación, o para decirlo más elegantemente, se fundaciarizaban.

El camino fue recibir varias propuestas de programas de formación para entidades sin ánimo de lucro como la mía. La formación era muy sencilla: adopar el modelo canvas de diseño de un modelo de negocio para configurarse como una empresa. Esto no sería del todo malo si no tuviéramos que soportar una interminable lista de videos sobre cómo McDonald´s, Coca-Cola o Starbucks se hicieron ricos, riquísimos, por ser taaaaan inteligentes en los negocios. Después del embutirnos /embrutecernos con los ejemplos más originales que se les pudo ocurrir para entidades sin ánimo de lucro, nos ponían a desarrollar prototipos, planes, y un largo etc., para desarrollar ideas de negocio que, en general, tenían que ver con reciclar tapas de botellas, vender manillas u otros productos promocionales o postales con cuerpos de niños hambrientos… ¡y yo me había entusiasmado con la idea de vender comida basura a las masas para volverme rico!

Justamente por no hacer caso y considerar que a lo mejor las entidades sin ánimo de lucro al ser organizaciones solidarias, de la sociedad civil, deberían funcionar bajo un esquema económico y financiero diferente, llegué al momento de toda organización: ¡no tenemos un peso… pero nos encanta lo que hacemos! Creemos que es importante y lo hemos podido sacar adelante no sólo compitiendo ferozmente en el cuadrilátero de las convocatorias, sino ayudándonos y siendo solidarios, es decir, construyendo sociedad y dejando de lado la idea de construir empresa. En el intermedio nos aconsejaron y se nos ocurrieron ideas para obtener recursos: vamos a vender tal cosa, a prestar tales servicios, a fabricar tales artesanías, a exprimir frutas y venderlas los fines de semana, etc. En otras palabras para que la fundación funcionara tenía que volverse una empresa y así obtener ganancias que le permitieran volverse una fundación. Para decirlo de manera más elegante teníamos que empresarizarnos.

Pues bien, en esto estamos: empresas que se vuelven fundación, fundaciones que se vuelven empresas. Antes o después, el destino parece estar escrito.

Qué poca imaginación.