Hace algún tiempo tuvimos la oportunidad de conversar con una organización que administra importantes recursos para financiar proyectos sociales y ambientales. Se trata de una institución con una amplia trayectoria, equipos profesionales altamente calificados y mecanismos bastante sofisticados para estructurar convocatorias, seleccionar organizaciones, administrar recursos y verificar que cada peso invertido corresponda con una actividad, un producto y un indicador. Todo estaba cuidadosamente organizado y, como suele suceder en estos casos, la conversación fue cordial, técnica y llena de palabras con las que quienes trabajamos en el sector social hemos aprendido a sentirnos cómodos: sostenibilidad, capacidades locales, enfoque territorial, apropiación, impacto, escalabilidad y, por supuesto, transformación.
Cuando las empresas crean fundaciones para parecer sociedad civil y las fundaciones aprenden a comportarse como empresas para sobrevivir, algo se empobrece en la imaginación social. Cuando creé Profesionales Amigos tenía 29 años y una cara de bebé. Sin embargo, al momento de hacer el registro legal de la organización me preguntaron
Hay un dicho popular que sirve para ilustrar la importancia de la mesura y el equilibrio: «ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre». En la vida cotidiana de la búsqueda de fondos, las organizaciones de la sociedad civil corremos el peligro de quedar atorados en un bucle pegajoso de no quemar ni alumbrar.