Viaje al Resguardo La Pascua – Vichada 2024
Volver a pasar por la memoria un acontecimiento es retornar a la realidad a través de la invención del recuerdo, es reinventar lo vivido. El viaje al resguardo la Pascua estuvo marcado por grandes expectativas. Las historias de Alvarito, contadas durante diez años, convirtieron ese resguardo y las vastas extensiones de tierra verde y cielo azul del Vichada en un territorio soñado, imaginado e incluso inalcanzable. Estar allí, tratando de comprender en la inmensidad de la llanura los recorridos de los ancestros Cuibas, Sikuanis y Piapocos, me evocaba esa forma intangible y profunda de definir un territorio, como se halla descrito en la historia del resguardado: “…desde dónde sale el sol hasta dónde se oculta y desde dónde va la brisa hasta por dónde se dirige”. El paisaje cuenta la historia de su gente, y para habitarlo, primero es necesario narrarlo, contar con palabras y gestos ese sentimiento de infinitud y verde desnudez. Como escribió Humboldt al recorrer esas tierras: “lo que se dirige al alma se escapa a nuestras mediciones.
Entrar en un territorio sin límites te exige relacionarte con los seres humanos que lo habitan con ojos, pies, cabeza, manos y olfato, siempre despiertos, sensibles y agudos, las distancias que nos separan pueden ser asombrosas si no abandonamos el resguardo seguro de los conocimientos que nos guían. En este caso, fue indispensable deshacerme de todo lo que me impedía conectarme con las y los indígenas que asistieron al proceso de formación como promotores ambientales, un camino que implica tiempo, paciencia y persistencia. El código del habla, la importancia de las gestualidades que acompañan las palabras para narrar el entorno, el enojo histórico que las comunidades indígenas llevan consigo por tantos siglos de explotación, violencia y despojo, las lógicas a veces perversas de los recursos económicos y las “ayudas” del estado, la relevancia de la construcción de un plan de manejo ambiental que respete las prácticas tradicionales y los saberes ancestrales de la comunidad.
No obstante, la vida siempre sorprende cuando emerge lo comunitario: los juegos, las risas, los dialectos, las danzas, las palabras y el profundo valor del cuidado mutuo en cada espacio compartido. Los talleres bajo el árbol y la suave brisa, las actividades de creación y diálogo entre los participantes, los encuentros con el abuelo Marianito para descifrar, una vez más, la historia y lo que en ella perdura, la urgente necesidad de aprendizaje expresada por los promotores, su concentración y compromiso, los recorridos por los bosques de galería y los conucos, los momentos mágicos en la cocina, el compartir los alimentos y escuchar más historias. Cada instante se convirtió en una fuente invaluable de saberes y experiencias.
Hay lugares que enamoran el alma y se vuelven eternos, estaremos como equipo de Profesionales Amigos vinculados a este territorio por siempre, con nuestro compromiso y sin otra brújula que estas palabras de lo que podría ser un hermoso verso para decir lo imposible: definir un límite para un territorio, por siglos, recorrido silenciosamente por nuestros ancestros indígenas “…desde dónde va la brisa hasta por dónde se dirige
Andrea Ascuntar
Psicóloga
Este texto es una reflexión personal sobre la experiencia vivida en el marco de la formación de Promotores Ambientales en el Resguardo La Pascua.

