Cuatro días para descubrir al líder que ya llevábamos dentro
Así vivimos el Encuentro Departamental de Jóvenes, Trayectorias Vitales y Liderazgo Territorial: una escuela donde jóvenes de distintos territorios se reconocieron como líderes a través de la creatividad, el territorio y la palabra compartida.
En la Escuela de Liderazgo SIMES 2026 no hubo tablero ni clase magistral. Hubo juego, papel kraft, aerosoles, botas embarradas y mucha palabra compartida.
Desde la Fundación Profesionales Amigos creemos que el liderazgo no se enseña con un discurso: se descubre cuando un joven se reconoce capaz, mira su territorio con otros ojos y encuentra con quién soñar. Por eso cada taller se diseñó como una experiencia, y cada experiencia tuvo su propio lenguaje.
- El juegoPara conectar, confiar en el otro y descubrir que coordinarse también es liderar.
- El papel y el marcadorPara poner en palabras y dibujos quiénes somos y qué queremos construir.
- El territorioPara aprender del lugar, de la tierra y de quienes la trabajan.
- El arte y la culturaPara contar con color, voz y cuerpo lo que a veces no cabe en palabras.
Primero, conectar
Llegaron de colegios, municipios y realidades distintas. Las actividades rompehielo lograron en pocas horas lo que ningún discurso consigue tan rápido: que se miraran, se rieran juntos y empezaran a confiar unos en otros.
Pero no todo fue risa. Después de cada actividad hubo un momento para detenerse y reflexionar sobre lo vivido y sobre lo que el grupo necesitó para avanzar. Así, el juego se convirtió en la primera lección de liderazgo de la escuela: nadie avanza solo, y escuchar al otro es tan importante como dar el primer paso.
Y luego, en círculo, a reflexionar
Sentados frente a frente, cada actividad se convirtió en conversación: qué sentimos, qué aprendimos y qué nos llevamos para liderar en nuestras comunidades.
Pintar antes de hablar
Una de las primeras actividades de la escuela fue pintar. Con aerosoles de colores sobre grandes lienzos blancos, cada grupo plasmó de dónde viene, qué espera de estos días y qué entiende por liderazgo.
Antes de cualquier taller, el arte los puso a ponerse de acuerdo: escuchar todas las ideas, repartir tareas, decidir en colectivo y comunicar un mensaje que represente a todos. Los murales fueron el punto de partida de la escuela y quedaron como telón de fondo de todo lo que vino después. Estas fueron tres de las palabras que eligieron:
Cinco lienzos, cinco miradas: liderazgo juvenil, el vuelo de un águila, un árbol que florece, el diálogo entre generaciones y el nombre de SIMES y la universidad escrito a muchas manos.
Lo que no se dice, se pinta
El arte les dio a todos una forma de expresarse, también a quienes prefieren no hablar en público. Nadie se quedó sin voz.
Símbolos que unen generaciones
En los murales convivieron lo ancestral y lo nuevo, los mayores y los jóvenes, la cultura propia y la naturaleza del territorio.
Un punto de partida
Cada mural fue una creación colectiva que marcó el inicio de la escuela y acompañó el resto de la semana.
La voz de cada territorio, en papel kraft
Sobre grandes pliegos de papel kraft, los jóvenes pusieron en palabras y dibujos lo que los hace únicos: su colegio, su comunidad, su cultura y los saberes que quieren cuidar.
El papel se volvió un espacio seguro para decir con orgullo de dónde vienen. Al compartirlo en voz alta, muchos descubrieron que su historia también es una forma de liderazgo, y que la diversidad de territorios reunidos en un mismo salón es una riqueza que se construye entre todos.
El territorio también se dibuja, se cuenta y se escucha.
Utopía, la sede rural de la Universidad de La Salle
No podía haber mejor casa para esta escuela. La Sede Utopía de la Universidad de La Salle, a las afueras de Yopal, es desde 2010 el primer campus rural de educación superior en Colombia: un proyecto que decidió llevar la universidad al campo, en lugar de sacar a los jóvenes de él.
Allí, jóvenes rurales de todo el país se forman como profesionales del agro y como líderes de proyectos productivos para regresar a transformar sus territorios. Para nuestros participantes, estar en ese lugar fue ver con sus propios ojos que estudiar, quedarse cerca de la tierra y liderar el cambio sí es posible.
Aprender del lugar para imaginar el futuro
Salir del salón cambió la conversación. Entre cultivos, árboles y caminos de tierra, los jóvenes dejaron de hablar del territorio en abstracto y empezaron a sentirlo: el trabajo detrás de cada cosecha, la paciencia que exige la tierra y el valor de quienes la cuidan.
Venir de lugares tan distintos hizo la experiencia más rica. Lo que para unos era parte de la vida diaria, para otros era completamente nuevo. En esas diferencias territoriales, en lo que cada región produce, consume y valora, aparecieron ideas para sus propios proyectos de vida.
Conectar con el lugar
Caminar, observar y tocar despertó una relación distinta con la naturaleza: el campo como aula.
Reconocer las diferencias
Comparar lo que se cultiva y se consume aquí con lo que ocurre en cada territorio de origen.
Transformar lo que tenemos
Ver cómo un fruto del campo se vuelve producto abrió la imaginación sobre lo que se puede crear en casa.
Del paisaje a las preguntas
El recorrido dejó preguntas que cada joven puede llevar de regreso a su comunidad, a su colegio y a su familia. Hasta los encuentros inesperados con los animales de la granja despertaron conversaciones sobre lo que cada territorio cría, cultiva y cuida.
- 01¿Qué produce mi territorio y quién lo valora?
- 02¿Qué consumimos que llega de lejos y podría nacer en casa?
- 03¿Qué saberes de mis mayores podrían convertirse en oportunidad?
- 04¿Qué necesita mi comunidad que yo podría empezar a construir?
- 05¿Qué saben hacer los jóvenes de mi comunidad que hoy nadie está aprovechando?
- 06¿Con quién puedo empezar a construirlo cuando vuelva a casa?
Liderar el territorio empieza por conocerlo, valorarlo y creer que en él también hay futuro.
La identidad también subió al escenario
Con trajes tradicionales, voz y danza, los jóvenes compartieron las expresiones de sus pueblos frente a todo el encuentro. Fue liderazgo en primera persona: el orgullo por la propia cultura, dicho sin miedo.
Tejer sueños, nudo por nudo
Los atrapasueños gigantes tejidos con lana de colores y las bitácoras escritas día a día se convirtieron en la memoria de la escuela: la prueba de que cada joven se lleva metas propias y un compromiso con los demás. Las mejores bitácoras recibieron un reconocimiento especial al cierre del encuentro.
«Este es solo el primer nudo de un gran atrapasueños».
Los talleres que dieron forma a la escuela
- Identidad y Capacidades
- Diagnóstico Socioambiental
- Mi Camino, Mi Futuro
- Tejiendo Comunidad
- Mi Territorio, Mi Voz
- Liderazgo que Cuida
- Liderazgo para el Cambio Climático
- Bitácora de la experiencia
Volvieron a casa con algo más que un recuerdo
Volvieron con amigos nuevos, con ideas para su proyecto de vida y con la certeza de que liderar es cuidar, escuchar y construir con otros. La escuela terminó; el tejido apenas comienza.